Técnicas de memorización: ¿qué necesitas para mejorar tu capacidad retentiva?

02/07/2021 | Santander Universidades

¿Usas siempre el GPS para desplazarte? ¿Olvidarías cualquier cumpleaños si no fuera por la alerta de Facebook? ¿Necesitas buscar en internet el nombre de ese actor que no consigues recordar al recomendar una película a un amigo? Es cierto que la tecnología facilita la vida en muchos aspectos. Sin embargo, este empleo constante de las herramientas digitales te conduce a no poner en práctica técnicas de memorización que aporten agilidad a tu cerebro.

Esto es lo que se conoce como el “efecto Google”, un apoyo constante y exprés en la tecnología que, en consecuencia, merma la flexibilidad cognitiva de las personas, es decir, la capacidad de la memoria de recuperar datos acumulados. De hecho, según la investigación publicada en la revista World Psychiatry y llevada a cabo por científicos estadounidenses, australianos y europeos, las nuevas tecnologías están afectando a las capacidades de atención, procesos de memoria y cognición social

El problema de la ayuda inmediata de internet es que atrofia la capacidad para enlazar ideas, tener una perspectiva global del mundo, tomar decisiones acertadas o resolver problemas. Por esta razón, ejercitar la memoria sigue siendo imprescindible para mantener la plasticidad cerebral. ¿Quieres conocer algunas técnicas de memorización para entrenar al cerebro? Te explicamos cuáles te ayudarán a tener una mayor retentiva.  

¿Cómo funciona el cerebro a la hora de memorizar? 

Antes de poner en práctica técnicas de memorización, debes saber que hay dos tipos de memoria:

    Memoria de trabajo y operativa: es la memoria a corto plazo. Funciona como la memoria RAM de un ordenador, es decir, esa información que se guarda de forma temporal en el ordenador mientras este no se apague. Gracias a la memoria operativa, puedes recordar lo que ha dicho tu interlocutor y mantener una conversación al respecto; anotar unas instrucciones justo después de que tu superior haya explicado el proyecto; o relacionar unos conceptos con otros para facilitar el aprendizaje, el razonamiento, la comprensión y la resolución de problemas. 

    Memoria a largo plazo: siguiendo la analogía, sería el disco duro del ordenador. Es donde se guardan de forma atemporal todos los datos, que previamente se han procesado por la memoria de trabajo.

Sin embargo, es importante destacar que no toda la información que pasa por la memoria de trabajo permanece en la memoria a largo plazo, ya que el cerebro tiende a eliminar aquella información que no considera necesaria. De hecho, de acuerdo con la teoría de la curva del olvido formulada por el psicólogo alemán Hermann Ebbinghaus,  después de una hora se olvida la mitad de lo aprendido; un día después, solo recordarás el 30% de la información y, al cabo de un mes, los datos almacenados se limitarán al 10%.

Técnicas de memorización: ¿cómo recordar con los cinco sentidos?

¿Te resulta igual de fácil recordar una infografía que un texto plano? No todas las técnicas de memorización tienen el mismo efecto en la retentiva. En este sentido, Edgar Dale, un pedagogo estadounidense, en su libro Audiovisual Methods in Teaching dio a conocer lo que se denomina el ‘cono de la experiencia’ o aprendizaje experiencial, una teoría que apunta a que recordamos mejor aquello que experimentamos o ponemos en práctica nosotros mismos. 

En este aspecto, un estudio de la Universidad Rockefeller afirma que las personas recuerdan hasta un 35% de lo que huelen, frente a un 5% de lo que ven, un 3% de lo que oyen y un 1% de lo que tocan. De esta forma, a pesar de que los sentidos constituyen una herramienta clave para motivar a la memoria y retener la información de forma más eficaz, no todos los sentidos tienen el mismo poder de evocar recuerdos.

¿Cómo influyen los sentidos en las técnicas de memorización?

    Olfato: ¿sabías que eres capaz de diferenciar hasta 10.000 aromas distintos? El olfato está directamente vinculado con el cerebro reptiliano, una parte primigenia de la mente que se encarga del instinto y la supervivencia. Como consecuencia, los olores dan lugar a recuerdos de gran impacto y de larga duración. De ahí que crear conexiones entre lo que se huele y lo que se estudia puede ser de gran ayuda para aumentar la memoria. 

    Vista: de media, el ojo humano es capaz de retener entre 7 y 12 estímulos o ítems durante unos 250 milisegundos. Después, los filtra y, en gran parte, los elimina. Por el contrario, la memoria sensorial icónica tiende a guardar la información que tengan componentes emocionales o que el cerebro considere útil. Por eso, utilizar técnicas de memorización visuales, como mapas mentales o conceptuales, diagramas o  líneas de tiempo, mejora la retención de la información. Según sostiene el Dr. John Medina en su libro Brain Rules, tras escuchar un fragmento de información, tres días después recordarás el 10%, pero si agregas una imagen, retendrás el 65%.  

    Tacto: el pinchazo al rozar un cactus, la sensación al tocar el agua o el hormigueo de una caricia componen lo que se conoce como memoria háptica. En el sentido del tacto, las manos juegan un papel primordial para la aplicación de técnicas de memorización: tocar algo con los dedos genera una sensación que dura ocho segundos, pero la misma percepción con otra parte del cuerpo la reduce a tres segundos. 

    Oído: no es uno de los sentidos más desarrollados a nivel de memoria, ya que este sentido está acostumbrado a estar expuesto a muchos sonidos y palabras cada día. De hecho, la memoria relacionada con el oído, la memoria ecoica, es mucho más breve que la háptica: retiene los estímulos auditivos durante poco más de 100 milisegundos.

     No obstante, hay un subgrupo sonoro con especial poder memorístico: las melodías. Cuando escuchas música, tu centro de placer se pone en marcha liberando dopamina. Pero, si además, la canción te transmite emociones, al asociarla a un momento específico de tu vida, tu memoria a largo plazo se activa. Es por eso que somos capaces de recordar la letra completa de una canción o que personas con alzheimer puedan rememorar un tema de su juventud. Tal y como señalan diversos estudios, escuchar canciones alegres te permite hacer más trabajo en menos tiempo.

    Gusto: cuando comes, en el cerebro se activan neuronas que responden a los sabores que se desprenden de los alimentos y, en muchos casos, estos sabores pueden evocar profundos recuerdos. De ahí que Proust pueda sumergirse en su infancia a través de una simple magdalena.

    Seguir una alimentación equilibrada es clave para rendir en tus horas de estudio, pero también la hora de comer es una buena oportunidad para aplicar técnicas de memorización y ejercitar tu cerebro: por ejemplo, trata de identificar los ingredientes y relaciona el sabor con momentos del pasado, etc.

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Al fin y al cabo, el cerebro es como un músculo: cuanto más lo entrenes, mejor será su rendimiento. Por eso, es fundamental trabajar la plasticidad cerebral para seguir aprendiendo cosas nuevas. Por este motivo, Banco Santander te ofrece la oportunidad de seguir entrenando la memoria a través del aprendizaje continuo con las Becas Santander.

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