Gestión de conflictos laborales: transformando un problema en una oportunidad

17/11/2020 | Santander Universidades

Aprender a gestionar conflictos en el mundo laboral es una habilidad clave para el éxito profesional. En una época de cambios constantes que requieren soluciones ágiles y efectivas, la habilidad para gestionar conflictos, resolverlos y transformarlos en oportunidades, es una soft skill muy valorada y necesaria.

La gestión de conflictos en el mundo laboral

Las empresas, aunque a veces parezcan engranajes complejos, están compuestas por personas, al fin y al cabo. Y cada persona tiene sus propias inquietudes, opiniones y puntos de vista. Por ello, es común vivir situaciones en las que se generan conflictos y, para sobrellevarlos, se requiere de cierta destreza. A continuación, te explicamos algunas de las situaciones en las que se generan más conflictos laborales.

 

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Causas más comunes de conflictos en el entorno laboral

Cada empresa puede encontrarse con una casuística concreta, pero, a grandes rasgos, existen algunos motivos recurrentes en toda empresa, como, por ejemplo:

  • Falta de comunicación, tanto entre miembros del mismo equipo como entre departamentos. Este puede ser uno de los principales motivos de conflicto, ya que los malentendidos pueden conducir a respuestas o acciones que acaben provocando un conflicto aún mayor. Es importante, pues, fomentar la existencia de canales de comunicación fluidos, que permitan que cada uno de los actores tenga acceso a la información que necesite o pueda expresar sus dudas. 

  • Intereses distintos. Este caso suele darse cuando las metas de algún componente del grupo no están alineadas con los objetivos comunes. Es importante definir adecuadamente la meta y lograr que cada uno de los miembros del equipo se implique en ella. Se trata de conseguir que cada persona identifique el propósito final de trabajo como propio, para evitar desajustes.

  • Falta de recursos. Cuando los equipos no disponen de los recursos suficientes, pueden llegar a competir entre ellos y pueden aflorar los conflictos. Dotar de medios es clave para que los equipos trabajen sin la presión añadida de tener que buscar la manera de acceder a los instrumentos necesarios. Si obtener recursos se convierte en un problema, la energía se destinará a ello, con lo que la realización de las tareas se verá afectada. 

  • Mala organización departamental. Timings demasiado ajustados, objetivos inalcanzables o competitividad malsana son algunos de los aspectos que deben ser supervisados por quien dirige el equipo para evitar conflictos, ya que la organización es fundamental. Es muy difícil alcanzar los objetivos cuando están mal planteados y organizados, por lo que una planificación realista es clave.   

  • Valores diferentes. Puede ocurrir que quienes componen el equipo de trabajo no compartan los mismos valores y no sean capaces de aceptar puntos de vista ajenos. Por ello, es muy importante que desde la coordinación del equipo se trabaje y se fomente la tolerancia hacia los puntos de vista ajenos. Se trata de encontrar la parte positiva que existe en toda diferencia, ya que todos los puntos de vista son correctos y pueden aportar mejoras al proyecto. 

Resolver conflictos en el trabajo y convertirlos en oportunidades

Aunque todas estas situaciones son claramente conflictivas, también pueden transformarse en oportunidades. De hecho, normalmente, cuando nos encontramos ante verdaderos retos, es cuando más se manifiesta nuestro potencial.

Estas son algunas acciones clave para resolver un conflicto en el entorno laboral:

  1. Prever problemas y detectarlos rápidamente. Cuanto antes detectes un problema, más fácil será solucionarlo. Para ello es básico conocer bien al equipo, un aspecto que te permitirá gestionar posibles desacuerdos, incluso antes de que se produzcan. Además, conocer en profundidad a las personas que conforman el grupo ayuda a prestar atención a los pequeños desencuentros, para evitar que deriven en conflictos mayores. 

  2. Escuchar a todas las partes implicadas. Quizás, desde tu posición, no eres consciente de las distintas realidades de cada uno de los miembros del equipo. Usa la empatía para ponerte en el lugar de los demás. Esto te facilitará entender su postura y ayudará a que el resultado de la toma de decisiones tenga en cuenta todas las opiniones y, por tanto, obtenga más consenso. 

  3. Detectar puntos en común y tomar decisiones. Es muy poco probable que dos personas estén completamente de acuerdo, pero también es improbable que estén 100% en desacuerdo. Encuentra los puntos en común y toma decisiones efectivas para solucionar el conflicto con éxito. Integra las diversas opiniones y puntos de vista, para así llegar a una resolución que englobe lo mejor de cada opción. Todas y cada una de las personas que conforman el equipo tiene algo que aportar a la resolución del conflicto y al éxito del proyecto. Se trata de tenerlo en cuenta en el momento de tomar decisiones.  

  4. Aprender a priorizar. Si tienes en cuenta el objetivo común, te será más fácil priorizar las distintas acciones que debes llevar a cabo para resolver el problema. Es importante no perder de vista la meta, esto te permitirá focalizarte en las diversas opciones de gestión del conflicto, además de establecer las prioridades entre las diferentes fases de dicha gestión. 

  5. Llevar a cabo un plan para solucionar el conflicto. Debe ser un plan efectivo, sencillo y ágil, del que todos los implicados estén enterados y que lleven a una misma meta. Para ello, la comunicación fluida es fundamental. Todas y cada una de las personas relacionadas con el conflicto deben poder asumir el plan de resolución como propio. Para lograrlo, es clave que sientan que se ha tenido en cuenta su opinión y su punto de vista.   

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¿Cómo mejorar la capacidad para gestionar y resolver conflictos?

Como con todas las habilidades o como con las soft skills, el aprendizaje y la práctica son esenciales para dominarlas. Aprender estrategias para saber reaccionar ante los conflictos y ponerlas en práctica, ya sea en clase, en el trabajo o incluso en tu día a día, es la clave para poder abordar situaciones conflictivas.

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